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Tradiciones
La
máscara de Arlequín
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Una
máscara negra con una pequeña protuberancia en la
frente, un gorro en la cabeza y el incofundible traje
multicolor. Arlequín,
el criado bobo y un poco ingenuo célebre en todo el
mundo, es de Bergamo. Con él nace la Comedia del Arte,
típica manifestación teatral italiana en auge en 1500
y el teatro devine oficio.
En la orilla derecha del río Brembo, no lejos de San
Giovanni Bianco, en el pequeño pueblo de Oneta, se
levanta una severa construcción medieval que no se
nombraría si no fuera por la tradición que la
considera como la casa de Arlequín.
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Al
exterior del antiguo edificio en piedra, al lado de la
escalera de entrada, todavía se pueden divisar unas
trazas de un fresco representante la célebre máscara
multicolor. A piè del fresco una orla declama: “Chi non
è de chortesia/no entraghe en chasa mia./ Se ne viene un
poltron/Ghe darò del me baston.” (Quien no sea de
cortesía, no entre en casa mía. Si viene un holgazón se
le daré mi bastón).
Según la tradición, hacia 1356 un caballero francés, el
conde de Lovence, huyó de su país y se refugió en Valle
Brembana llevando consigo un criado bobo y un poco glotón.
Un día, sorprendido a robar, el criado fue bastonado y
condenado a vagabundear por los pueblos cercanos,
cabalgando un burro y vestido con un traje de remiendos
multicolores, para que se esponese mejormente a la pública
mofa. Tanta fue la curiosidad y el entretenimiento del
pueblo que el año sucesivo unos jóvenes un poco
borrachos quisieron mascarase como él. Pero ésta, es
solo una de las muchas hipótesis sobre el origen de la máscara
de Arlequín. Una, la más extravagante, une su nombre
nada menos que a la representación del diablo.
Parece difícil vislumbrar en las semblanzas de ese criado
bobo e ingénuo un alma poseída por el diablo. Aunque, en
efecto, la protuberancia negra ostentada en su frente
parezca recordar propio... los cuernos del demonio.
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InclusoDante
escribe de un diablo que se llama Alichino, encontrado
en la quinta Bolgia en el octavo círculo del Infierno.
Sea como sea, a pesar de que muchos investigadores
durante los siglos hayan intentado remontar a la
etimología del nombre de la célebre máscara,
encontrandola en Francia, en Alemania o en Inglaterra,
todos están de acuerdo en que el alma de Arlequín sea
italiana. Más bien, Arlquín es de Bergamo, aún
hablando otros idiomas.
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Ya
lo sabían los habitantes de la ciudad cuando, en 1904 se
rebelaron en masa con peticiones y manifestaciones en
plaza contra la tesis de un gran investigador alemán,
Otto Driesen, creía que Arlequín viniera del Norte de
Europa. Italiano, en efecto, era el primer Arlequín
trasmitido de generación en generación por la
historia, Tristano Martinelli, actor muy querido al final
del siglo XVI, muy bien conocido por los Gonzaga y muy
amado por María de Medici. Las raíces del personaje de
Arlequín se encuentran, profundas, en la tradición
bergamasca de los
zanni, personajes cómicos todos muecas y socarronería,
piruetas y cabriolas, que generalmente eran críados y se
expresaban en un bergamasco internacional. Su comicidad
procede de la
vivaz pantomima, de su habla dura e incomprensible, de la
increible facilidad con la que se va a meter en líos. No
es malo: tal vez sea un poco desganado: a él no le
apetece fatigarse, sobretodo si no hay beneficios
inmediatos. Pero tiene un gran corazón y, sí, es un poco
ingénuo. Arlequín es uno que vee los problemas caer
encima de su cabeza, pero es también uno que no pierde el
coraje y, al final, siempre logra salir de esas
situaciones y a arreglársela. Tal vez sea por ese motivo
que en su personaje se han compenetrado varias
generaciones de italianos, y todavía hoy, durante el
carnaval, Arlequín sobrevive en la memoria y en la
conciencia popular con la fuerza de siempre. Uno de los
pocos nombres universalmente considerardos sinónimos de
teatro también por quien ní sabe lo que es el teatro.
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